miércoles 3 de agosto de 2011

EN MIS ZAPATOS


Tengo los pies muy grandes para alguien de mi altura, como si me faltase crecer (y falta un montón).
Dejé de usar medias para dormir en invierno porque mis pies no respiraban. No tolero el frío, la paso verdaderamente mal, pero entre temblar y tener a los pies presos, no tuve que pensar mucho.
Uso unos zapatos hermosos de taco altísimo, y voy haciendo equilibrio mientras juego a que soy, por ejemplo, abogada. Y me encanta el ruido que hago cuando estoy a punto de entrar a algún lugar, como si mis pasos me anunciaran.
Si pudieras ver que la palabra exacta, los modales cuidadosamente aprendidos, hasta el color verde de mi esmalte de uñas vinieron con los zapatos. Nada de todo eso soy, sólo encontré esas cosas adentro de la caja cuando volví de la zapatería y decidí usarlas, porque queda lindo el conjunto.
Si te detuvieras en los detalles finísimos que alguien hizo con este cuero negro junto a la suela, podrías entender que sólo quiero salir corriendo? Todo lo que deseo es correr, ignoro en qué dirección hacerlo, porque no sé muy bien por dónde vas.
Si me vieras a través de mis espejos, entenderías que juego porque jamás quiero crecer, no me interesa ser grande, no quiero aprender a lastimar, no quiero perfeccionar el arte del maltrato, no quiero ser una persona seria.
Quizás no esté bien vivir escapándome de mí, de lo que me duele y también de lo que sueño. No sé cómo quedarme quieta, no sé cómo esperar, porque creo que llevo tanto tiempo haciéndolo que ya siento hormigas en los talones.
Si estuvieras acá, dentro de mis zapatos, como ahora estoy, sentirías que a veces es bueno llorar haciendo ruido; yo no puedo hacer ruido y por eso termino casi inundada por adentro, con una sonrisa por afuera que es una mueca.
Sólo quiero correr hacia donde sea, y aprender a hacer mucho ruido, para que me veas como me veo yo, mientras un silencio me muerde hasta lastimarme.